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La homosexualidad en Cuba en los tiempos de Fidel Castro2016
06
Dic

La homosexualidad en Cuba en los tiempos de Fidel Castro

Los derechos por la comunidad LGBT siempre han sido una de las asignaturas pendientes del régimen cubano que, con sus luces y sus sombras, y empezando de la misma manera que otros regímenes, como el franquista, quizás haya llegado más lejos que algunos de sus vecinos Latinoamericanos.

Por Luis M. Álvarez


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Da lo mismo que sean democracias, monarquías o repúblicas, que hayan empezado como una revolución, como un alzamiento militar o incluso que hayan llegado al poder a través de las urnas, todos los regímenes políticos tienen sus luces y sus sombras. Concluidos los nueve días de duelo y ahora que los restos de Fidel Castro yacen en el cementerio de Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, es tiempo de hacer balance y dar cuenta de la evolución de los derechos de las personas homosexuales, bisexuales y transexuales a lo largo de 57 años en la isla caribeña, desde que Castro asume el poder hasta su muerte.

De la libertad a la esclavitud

Fidel y Raúl Castro, Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida y Huber Matos son los principales líderes que impulsan el movimiento revolucionario cubano de izquierdas que provoca la caída del dictador Fulgencio Batista, el 1 de enero de 1959, quien había llegado al poder a través de un golpe de Estado conocido como la Revuelta de los Sargentos, en 1933, poniendo fin al gobierno, igualmente autoritario, de Gerardo Machado. Llegaba de esta manera una revolución que tenía inicialmente la aprobación de la gran mayoría de la sociedad cubana y un amplio sector de la comunidad internacional. Pero su agenda no incluye necesariamente una revolución sexual y una vez concluye la purga política, comienza la homosexual.



Castro considera a las personas homosexuales como agentes del imperialismo, herederas de los vicios de la Cuba pre-revolucionaria (en la que la homosexualidad ya estaba penada). Una idea renovada por la paranoia desatada tras la invasión de bahía de Cochinos y reforzada por la hostilidad que el nuevo aliado de la revolución, la Unión Soviética, tiene hacia las personas homosexuales (que perdura hasta nuestros días). Así es como los bares de ambiente y las zonas de cruising se convierten a los ojos de la revolución en centros de actividades contrarrevolucionarias que hay que erradicar. « Nunca hemos creído que un homosexual pueda personificar las condiciones y requisitos de conducta que nos permitan considerarlo un verdadero revolucionario. Una desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que debe ser un militante comunista», declaraba el líder cubano dando el pistoletazo para la brutal persecución de los homosexuales por parte de su gobierno.



También es cierto que si nos fijamos en lo que pasaba en otros países, como España, la Ley de Vagos y Maleantes no era muy diferente, porque cuando no nos metían en la cárcel nos confinaban a campos de concentración, denominados en Cuba Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), donde terminan oficialmente allí los que se niegan a hacer el Servicio Militar o han sido rechazados en las Fuerzas Armadas Revolucionarios de Cuba, lugar de encuentro ahora para los nuevos sospechosos de homosexuales en particular, los hippies en general, y todos aquellos que no se ajustan al ideal revolucionario. Se supone que reciben 7 pesos y tienen los domingos libres, lo que no parece concordar con la idea que de los mismos lugares se muestra en Conducta impropia (1976), un ilustrativo documental de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal.

Una repentina apertura antes de que anochezca

No deja de ser curioso que viendo el documental podamos percibir cómo se parece la evolución de la homosexualidad en Cuba y en España, pues en ambas países de ideologías tan diferentes en aquellos tiempos se empeñan en tratar y curar la homosexualidad a lo largo de los años setenta con diferentes doctrinas y terapias. El Grupo Nacional de Trabajo de Educación Sexual, fundado en 1972, desarrolla y coordina labores de educación sexual, pasando en 1977 a la formación de terapeutas y educadores sexuales para la atención especializada de las personas transexuales y del asesoramiento para lo que denominaban disfunciones sexuales. Dicho así, parece una interesante masterclass, pero que parece ser en realidad un tipo de terapia mucho más corrosiva, tal y como documenta detalladamente Reinaldo Arenas en su autobiografía, Antes que anochezca, llevada posteriormente al cine por Julian Schnabel en la premiada Before night falls (2000, EE.UU.).



En 1975 se produce un inesperado giro cuando el Tribunal Supremo Popular anula las leyes que ordenan excluir a los homosexuales de los empleos vinculados con la educación y la cultura. Con la elección de Armando Hart como ministro de cultura, al año siguiente, se inicia un período de relativa apertura a través de unas políticas culturales más liberales, que culminan con la legalización de las relaciones entre personas del mismo sexo en 1979, siempre que fueran privadas y consentidas y entre personas mayores de 16 años de edad, excluyendo categóricamente la prostitución.

Independientemente de que la sociedad fuera más o menos tolerante al respecto, o incluso de que el gobierno no aprobara la ley con el compromiso de terminar la persecución a los homosexuales, lo cierto es que la homosexualidad deja de ser ilegal tan sólo un año después de que entre en vigor la Constitución Española de 1978, encontrando todavía en nuestro país una cierta resistencia a la normalización, como se revela de las palabras del «santificado» Enrique Tierno Galván cuando dice que no es «partidario de conceder libertad ni de hacer propaganda del homosexualismo. Creo que hay que poner límites a este tipo de desviaciones, cuando el instinto está tan claramente definido en el mundo occidental. La libertad de los instintos es una libertad respetable, siempre que no atente en ningún caso a los modelos de convivencia mayoritariamente aceptados como modelos morales positivos».

Saliendo del armario

Se puede discutir si se trata de un ejercicio de cosmética internacional, dada la invitación a abandonar la isla durante el éxodo del Mariel, en 1980, en lo que algunos consideran una depuración del régimen castrista, aunque Castro siempre negara que se obligara a nadie a abandonar la isla (de la misma manera que Pinochet estaba a punto de morir cuando estuvo a punto de ser juzgado por crímenes de guerra y lo dejaron volver a su país para reponerse milagrosamente), pero lo cierto es que los años ochenta suponen una paulatina apertura hacia los temas homosexuales con la publicación, en 1981, de En defensa del amor, del doctor Sigfried Schnabl, donde afirma que la homosexualidad no es una enfermedad, lo que lleva al Ministerio de Cultura a reconsiderar su posición ante las sanciones contra las personas homosexuales.



Tendría que pasar todavía un lustro para que la Comisión Nacional de Educación Sexual admita públicamente que la homosexualidad no es más que una orientación sexual que debe ser tratada de manera natural, lo que lleva al gobierno a la derogación en 1988 de la Ley de ostentación pública, en vigor desde 1938. Aunque claro, no deja de ser curioso que coincida con el comienzo de unos controles sanitarios en busca de ciudadanos que pudieran ser portadores del VIH en lo que no parece otra cosa que una manera de seleccionar personas de manera (in)voluntaria para hacer de conejillos de indias con los que probar la efectividad de tratamientos en pruebas en el desmesurado afán de Fidel Castro por adelantarse a los estadounidenses en encontrar la cura del Sida.

Heredero del espíritu del Grupo Nacional de Trabajo de Educación Sexual, aunque opuesto en su finalidad, se funda en 1989 el Centro Nacional de Educación Sexual, un organismo que depende del Ministerio de la Salud Pública de Cuba que se centra en la educación y la investigación sobre la sexualidad de las personas. Más conocido por sus siglas, CENESEX, está actualmente dirigido por la sexóloga, activista y diputada Mariela Castro, hija de Raúl Castro que se ha convertido de manera insólita en la defensora de los derechos de las personas LGBT en la isla cubana.



Sea para bien o para mal, sea real o forzada, el estreno en 1993 de la multipremiada Fresa y chocolate (Juan Carlos Tabío & Tomás Gutiérrez Alea, 1993, Cuba), simboliza la apertura del régimen cubano hacia el colectivo LGBT y un deseo de normalización con las personas diferente orientación sexual. Aparándose en el hecho de que las personas homosexuales eran incluso admitidas en el ejército, Fidel Castro llega incluso a decir en una entrevista en 1993 que nunca habría apoyado las políticas contra los homosexuales, algo de lo que tardaría en desdecirse algo menos de 20 años. De hecho, sus palabras no parecen estar en consonancia con las hostilidades hacia la comunidad por parte de la policía, a pesar de que incluso tenían instrucciones de no acosar al colectivo. Quizás se trata de una estrategia para nadar a favor de la corriente internacional sobre derechos humanos en general y en materia LGBT en particular, lo que demuestra el cierre en 1997 de la Asociación Cubana de Gays y Lesbianas, fundada sólo tres años antes. Que se trata de una época en la que sigue estando muy presente la estructura del contexto hegemónico, machista y patriarcal queda perfectamente claro en películas como Vestido de novia (Marilyn Solaya, 2014, Cuba) o El rey de La Habana (Agustí Villaronga, 2015, España & República Dominicana).



El camino hacia la normalidad

«La gente tiene miedo de encontrarse y organizarse. Se basa principalmente en su experiencia de años anteriores, pero uno puede suponer que esta sensación desaparecerá en el futuro si las lesbianas y los gays comienzan a trabajar para finalmente obtener el apoyo del gobierno. (El Centro Nacional de Educación sexual está ofreciendo este apoyo)», así constata Carlos Sánchez, representante de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas para la Región de América Latina y el Caribe, la nueva realidad del colectivo LGBT en 2004, que según sus propias investigaciones ya no está perseguido ni castigado en Cuba.



Gracias a las acciones de CENEMEX, con la llegada del siglo XXI sí podemos comenzar a hablar de una verdadera normalización de las relaciones entre el gobierno y la comunidad homosexual, siendo el colectivo transexual el que comienza ahora a organizarse para conseguir sus objetivos. Aunque sin una ley que lo regule debidamente, desde el año 2008 las personas transexuales tienen la posibilidad de acceder a las cirugías de reasignación de género de manera gratuita, siempre que reúnan unas condiciones muy precisas. Una medida contradictoria puesto que incluso hoy en día las personas transexuales siguen sin tener permitido el acceso a educación superior ni pueden muchas veces conseguir un empleo, viviéndose obligadas a vivir al margen de la sociedad.

Lo que todos estábamos esperando

«Si hay que asumir responsabilidad, asumo la mía. Yo no voy a echarle la culpa a otros (…)Sí, fueron momentos de una gran injusticia, ¡Una gran injusticia! La haya hecho quien sea. Si la hicimos nosotros, nosotros», declara Fidel Castro en una entrevista en 2010, admitiendo que había mentido descaradamente en sus declaraciones previas, pero que sirve para concluir definitivamente una persecución que se habría extendido a lo largo de cinco décadas, a pesar de que la se había despenalizado treinta años atrás. A partir de ese momento se puede hablar de una apertura real por parte del Partido Comunista de Cuba, que si bien nunca llega a aprobar una propuesta de ley presentada en 2011, sobre las uniones civiles entre personas del mismo sexo, sí prohíbe en 2013 la discriminación por orientación sexual, quedando todavía sin amparo en lo que respecta a la educación, la vivienda y el acceso a las instalaciones públicas, y desamparando legalmente todavía a las cuestiones referentes a la identidad de género.



Como muchas revoluciones, al final la revolución sexual también tuvo que llegar desde dentro, porque quizás sin el apoyo de Mariela Castro y las actividades desarrolladas a través de CENESEX, que culminan con la apertura de locales de ocio especialmente destinados al colectivo LGBT y la creación de jornadas anuales contra la homofobia y la transfobia, no podríamos hablar de una normalización real que tampoco podemos decir que se haya producido de la misma manera a otros países Latinoamericanos. Actualmente el mayor escollo para la erradicación de la discriminación y la evolución de leyes favorables al colectivo ya no está en el gobierno cubano, sino en la Iglesia Católica, como en la mayor parte del mundo.



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Por armandoemilio - 07/04/2017 2:43


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